Respetable Logia Simbólica

Gustavo Campos Carpizo núm. 33

El grafiti de un aprendiz
El grafiti de un aprendiz

¿la escuadra que se nos entrega es para construir libertad o para dibujar límites que no se deben cruzar?

A los HH:. que me honran con su escucha:

Llamo a este acto grafiti porque representa mi intento de expresión sobre los límites. Un grafiti no busca aprobación, pero sí ser visto. No es simétrico, pero sí simbólico. No es una traza oficial, pero sí un grito del alma.

Desde mis primeros pasos en este camino me ha inquietado una constante: los cuadros. Vivimos rodeados de ellos. Habitamos casas cuadradas, oficinas cuadradas, cuartos, mesas, pantallas y calendarios. Todo diseñado para encajar.

En mi mente resuena la idea de que los cuadros no existen en la naturaleza. No hay árboles cuadrados ni montañas con esquinas. Entonces, ¿por qué los hombres han convertido el mundo en una cuadrícula? ¿Por orden o por miedo?

Aprendí que si usas mal la escuadra, solo repetirás el mismo trazo una y otra vez, encerrándote en 360° perfectamente estructurados, pero sin alma. Pero si aprendes a combinarlas, si entiendes el juego entre sus ángulos, puedes expandir el diseño y crear planos de múltiples dimensiones. La escuadra, entonces, no es cárcel: es herramienta. Depende de quién la sostenga.

Así también veo la masonería. No como una prisión, sino como una posibilidad. Pero me angustia pensar que, si no se cuida, podría repetir el error de otras instituciones: el de exigir obediencia ciega y rechazar a quienes piensan diferente.

He sido católico, he admirado a Jesús por su sabiduría sin fronteras, por su amor sin condiciones. También he conocido el budismo, traído por mi padre con respeto y libertad. En ambos caminos he encontrado valores verdaderos y enseñanzas que me guían. ¿Debo renunciar a uno para pertenecer a otro? ¿Acaso el GADU no se manifiesta en toda luz que eleva, sin importar la forma que adopte?

Me dicen que debo ser un hombre libre. Pero luego se me dice a quién puedo o no visitar. ¿Cómo puedo reconciliar esa libertad con reglas que nacen de miedos, prejuicios o estructuras pasadas? ¿Debo cerrar mi mente para abrir la puerta del templo?

Yo no quiero ser un hombre rebelde por vanidad. Quiero ser leal. Leal a la Verdad. Leal a mis principios. Leal a mis HH:. Leal a mí mismo. Pero también quiero ser libre. Y propongo que no hay contradicción entre ambas cosas, si aceptamos que el Amor también tiene límites. No los del encierro, sino los del respeto al otro.

He observado cómo el tiempo, como Cronos, devora incluso a sus hijos. Cómo Saturno, en su simbolismo, encierra a los hombres en estructuras, como el hexágono en su polo. Cómo la escuela, la religión, el sistema y también la masonería pueden caer en el riesgo de repetir lo mismo: formar cuadros sin preguntarse si es posible abrir una espiral.

Por eso hoy, desde esta etapa que muchos llaman la niñez del camino masónico, les pido me permitan dudar. Me permitan preguntar. Pues explorar puede ser aprender, siempre y cuando se haga con respeto, cuidado y sin traicionar los valores propios. Prometo ser un H:. leal, pero también prometo que no dejaré de buscar. Porque, si el GADU me dotó de razón, corazón y voluntad, fue para usarlos.

Este grafiti no es protesta: es pensamiento. Una mesa redonda simbólica donde podamos sentarnos 13 o más, sin jerarquía, sin miedo, con el amor que permite disentir y el respeto de saber escuchar.

No espero quedarme igual, sino para seguir puliendo esta piedra que aún no sabe a dónde llegará.

Con profundo respeto y fraternidad,
Un H:. aprendiz.